Disfrutar el proceso

Hola, hoy quiero conversar sobre qué nos pasa en el proceso de lograr algo, de alcanzar un resultado.

Observo que es muy común ver a muchas personas corriendo tras sus objetivos. Personas activas, dinámicas, emprendedoras, verdaderos hacedores. Personas que incluso diseñaron un plan de acción detallado para conquistar aquello que buscan… pero que, aun así, no están disfrutando.

Un indicador típico es ir detrás de un objetivo, alcanzarlo, y ni bien sucede empezar a correr detrás de otro… y después otro… sin detenerse jamás a reconocer o celebrar lo logrado.
Entonces me pregunto:
¿Realmente queremos lo que decimos que queremos?
¿O nos ponemos objetivos porque “hay que ponerse objetivos”?

Creo que la falta de disfrute tiene que ver con dónde están puestos nuestros ojos. Con el tiempo en el que estamos viviendo.
Si pensamos constantemente en lo que ya pasó, en experiencias anteriores, en lo que fuimos… estamos viviendo en el pasado.
Si toda nuestra atención está en el objetivo, en la urgencia por alcanzarlo, en “cuando llegue voy a…” entonces estamos viviendo en el futuro.

Y cuando estamos en el pasado o en el futuro, nos perdemos del presente.

El disfrute aparece como posibilidad solo en el ahora. El presente es el único tiempo real. Es donde vivimos, donde estamos, donde somos. Tanto el pasado como el futuro son, en esencia, conversaciones.

Cuando no estamos disfrutando, es común que aparezca el enojo o la autoexigencia. Nos enojamos con nosotros mismos por “no llegar”, nos exigimos más… y eso difícilmente contribuya a nuestro bienestar. Muchas veces incluso nos lleva a lugares que no queremos habitar.

También escucho seguido:
“No tengo tiempo para disfrutar, tengo demasiadas responsabilidades.”
Y no se dan cuenta de que ahí mismo hay una elección: siempre podemos elegir cómo vivimos lo que vivimos.

Vivimos en una cultura que exalta el resultado y se olvida de lo mágico del proceso. Y es precisamente en el proceso donde aprendemos, crecemos y nos descubrimos.

Tener proyectos, objetivos, desafíos… es maravilloso. Expresan nuestro liderazgo personal, nos permiten crecer y, en muchos casos, le dan sentido a nuestras vidas.
Lo importante no es renunciar a ellos, sino revisar desde qué lugar los vivimos.

Una pregunta simple puede ayudarnos a vernos:
¿Lo que estoy viviendo son problemas… o desafíos?

Como siempre, esto me conecta con el vuelo. No lo puedo evitar.
Cuando lo pienso un instante, veo que el piloto disfruta más del vuelo (el proceso) que de llegar a destino (el resultado). Porque disfrutamos del acto de volar, y justamente cuando llegamos… dejamos de hacerlo.

Algo que habilita el disfrute es la forma de mirar. El tipo de ojos.
Un piloto ve el mundo como una fuente inagotable de aventuras. Ante una misma situación, alguien puede ver riesgo o peligro, y otro puede ver desafío y expansión. Esa diferencia en la mirada es decisiva.

Porque según cómo miramos, así se nos aparece el mundo:
¿Como un lugar de bienestar, cuidado y posibilidad?
¿O como uno de malestar, exigencia y agresión?

¿Qué cambia?
Mi ver.
Mi vivir.
Mi manera de relacionarme con lo que me pasa.

Y ahí, en esa manera de estar siendo, aparece otra clave para el bienestar: el cuerpo.
Muchas veces nos cuesta disfrutar porque estamos tensos, cansados o sin energía. Ahí es donde mis hábitos diarios y algunas herramientas que uso —como mis bebidas funcionales de Fuxion— me ayudan muchísimo a volver al presente, bajar un cambio y conectar con el aquí y ahora.
Algo tan simple como tomar mi Off o mi Vita Xtra T en la mañana me recuerda que el bienestar también se construye en pequeñas elecciones cotidianas.

Y vos…
¿Estás disfrutando tus procesos?
¿Estás presente?
¿Qué necesitás para empezar a hacerlo?
¿Cuál es tu elección hoy?

Te invito a dejar tus comentarios.
Un abrazo, buenos vuelos y cielos azules.